Miedo: entre el cielo y la tierra

Un sentimiento inevitable frente a los acontecimientos actuales, pero no estamos solos para enfrentarlo

Misael Rios

Gerente de Alimentos CADE - Ecuador

3 Artículos


6 de diciembre de 2019

Recuerdo mi infancia, era uno de los chicos más miedosos que podía existir. Mi primera experiencia lidiando con el miedo, fue al entrar a la escuela. Deseoso de tener una nueva experiencia, mis padres me inscribieron en el colegio, sin embargo, por alguna razón, nuestro salón de clases quedaba en un bloque continuo al edificio de la iglesia. 

Como no existían muchas aulas, nos tocó un sector en el que, para poder ir al baño, tenía que pasar por una bodega del colegio en el cual se guardaban materiales y otros objetos de enseñanza, incluyendo un esqueleto para la materia de ciencias. ¡Imagínense un niño de 6 años, enfrentando a un esqueleto en medio de la oscuridad!… y como se podrán imaginar, preferíamos aguantarnos la necesidad de ir al baño buscábamos salir de a dos para ayudarnos a enfrentar nuestros miedos. 

Luego pasé a tener otro tipo de miedos: a la muerte, la oscuridad, los truenos, a quedarme solo, la muerte de mis padres y un sinfín de momentos que mermaron mis fuerzas y no me permitían disfrutar la vida en muchas de las facetas en las que era normal participar de aventuras, siempre midiendo mis riesgos e imaginándome lo peor. 

Nuestros países en la actualidad, están pasando por momentos de incertidumbre, convulsión social y de una desigualdad cada vez mayor. Ante estas situaciones, no sería extraño mencionar que sentimos miedo, algo que no solo se da en los adultos, sino que afecta en diferentes niveles a todas las franjas etárias de la sociedad. Y aunque usted pueda mencionar que no siente miedo, es algo que en la realidad no es posible. 

Buscando los orígenes etimológicos de la palabra “miedo”, descubrimos que esta proviene del latín “metus” y que se define como “una emoción que puede alcanzar gran intensidad y que aparece cuando el individuo se percata de un factor amenazante tanto físico como mental, emocional o social, que lo hará reaccionar de forma auto-defensiva, a través de una serie de cambios fisiológicos” (Calles, 2004, citado en Valdez et al., 2010). 

Sin embargo, esta no fue la primera palabra para definir el miedo. Según los historiadores, se menciona que Homero en su escrito literario “La Ilíada”, detalla la palabra “Phobos” que a su vez proviene del verbo phébomai, o también “phobéomai” que significa huir (Domínguez, 2003). 

De hecho, los griegos hicieron de “Phobos” (miedo) y “Deimos” (temor), divinidades que los romanos luego denominaron como Pallor y Pavor. Platón describe estas palabras indicando que “déos” es la” suposición, sospecha o recelo de un mal porvenir duradero”; mientras que “phobos” es “un golpe presente y momentáneo producido por algo aterrador”. De hecho, Phobos se decía que era hijo de Ares, dios de la guerra, quien también estaba ayudado por Deimos.

Resulta interesante percibir que dos palabras que actualmente utilizamos en nuestra lengua es: pavor y fobia, que deriva de nuestro pasado latino, y que usamos con frecuencia para referirnos a situaciones, cosas o seres vivos que nos generan momentos indeseables, a tal punto de paralizarnos. 

Aristóteles mencionó que “quien de todo huye y todo teme o le da miedo y nada soporta, se convierte, llega a ser un cobarde (deilós). Y quien no teme nada y a todo se arroja, se convierte, llega a ser un temerario (thrasy´s), es decir, alguien con un exceso de confianza” (EN 1104 a 20-2, citado en Domínguez, 2003).

Entre las definiciones más recientes de miedo tenemos que:

  • Miedo es un mecanismo de defensa, provocado por cosas específicas, y que funciona como una alarma psicológica que avisa de amenazas para la integridad física y el bienestar de la persona (Heiliger, 1988, citado en Valdez, et al., 2010) 
  • Se trata de una emoción primaria provocada por una situación de peligro, que puede ser real, anticipada por la previsión, evocada por el recuerdo o producida por la fantasía, frecuentemente seguida por una reacción orgánica (Galimberti, 2007, citado en Valdez, et al., 2010). 

Cómo se puede apreciar, el miedo se genera por un estímulo externo pero que es percibida en nuestra mente y nos lleva a una reacción como un medio de protección que tenemos internamente.

El miedo tiene su origen biológico en las estructuras nerviosas del sistema límbico, que incluye el hipocampo, la circunvolución del cuerpo calloso, el tálamo anterior y la amígdala (Ledoux, 1996; citado en Valdez, et al., 2010). Haciendo que no todas las personas reacciones de la misma manera y ante los mismos escenarios posibles. 

Si revisamos qué es lo que genera temor en los seres humanos, podemos notar que desde el momento que nacemos tenemos que enfrentar el miedo. Durante el primer año de vida son frecuentes los miedos relacionados con estímulos intensos o desconocidos, como ruidos fuertes y personas extrañas. Hasta los seis años de edad los miedos están relacionados con animales, tormentas, oscuridad, seres fantásticos como brujas o fantasmas, catástrofes y separación de los padres. A partir de los seis años aparece el miedo al daño físico, al ridículo y, algo más tarde, a las enfermedades y accidentes, al bajo rendimiento escolar y a los problemas entre los padres. De los 12 a los 18 años predominan los miedos que tienen que ver con las relaciones interpersonales y la pérdida de la autoestima (Echeburúa, 1993; Méndez, Inglés e Hidalgo, 2002; citado por Valdez, et al., 2010) y continuarán hasta el día que fallezcamos. 

Aunque el hombre busque explicaciones filosóficas o científicas para el miedo, nada tiene sentido si no nos volcamos a buscar en los orígenes de la humanidad, la creación registrada en la Biblia. El mundo había salido perfecto de las manos de un Dios que con solo el poder de su palabra fueron apareciendo una a una los elementos que hoy conforman nuestro mundo. 

Pero conocemos el final de este momento de perfección para dar cabida a lo que conocemos actualmente. De hecho, la primera vez que se menciona la palabra miedo, no es en la obra de Homero, es en la entrevista que Dios tiene con Adán y Eva que va a buscarlos después que ellos desobedecieron a su mandato de no comer del fruto del árbol prohibido. La respuesta se encuentra en Génesis 3:9-10 (NTV)

“Entonces el Señor Dios llamó al hombre: – ¿Dónde estás? El hombre contestó: -Te oí caminando por el huerto, así que me escondí. Tuve miedo, porque estaba desnudo. (La cursiva es mía)

Es correcto que phobos denota “huir” y es lo que hizo el hombre. No solo tuvo reacción de escapar de Dios, sino que sabía que “déos”, algo malo estaba por venir. No porque Dios sea el que estaba atormentando, sino que Adán y Eva sabían que algo malo habían hecho y que no podían estar en la presencia de Dios. 

Dios los buscó, encontró y cubrió, de ese momento de miedo les dio una esperanza, que a pesar de que tendrían que afrontar sus miedos, un día todo esto se acabaría, mostrándoles su amor y cuidado para con ellos. Siglos más tarde, un hombre lleno de miedos, como lo fue Juan el discípulo amado, escribió: “En esa clase de amor no hay temor, porque el amor perfecto expulsa todo temor. Si tenemos miedo es por temor del castigo, y esto muestra que no hemos experimentado plenamente el perfecto amor de Dios” (1 Juan 4:18 NTV)

Adán y Eva, se ocultaron de la presencia de Dios, huyeron de la invitación a encontrarse porque en ese momento de pecado, no comprendieron el amor perfecto de Dios. En la Biblia encontramos 365 versículos que nos hablan del temor y cómo Dios nos anima y nos sostiene. No es casualidad que sean la misma cantidad de días en el año, tienes un versículo para enfrentar cada dificultad, problema, idea, experiencia o prueba con la ayuda de un Dios que sabe lo que sientes, pero que también puede expulsar tu miedo. 

Enfrenta este día, con la tranquilidad de que Dios va contigo.

Referencias

Domínguez, V. (2003). El miedo en Aristóteles. Psicothema, 15(4), 662–666. Retrieved from http://www.psicothema.com/pdf/1121.pdf

Valdez, J., Lóez, I., Torres, O., Piña, M., Gonzales, N., & Maya, M. (2010). Los tipos de miedo prevalentes por generación y por sexo. Revista Electrónica de Psicología Iztacala, 13(4), 163–182. Retrieved from http://revistas.unam.mx/index.php/repi/article/viewFile/22588/21321

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