Niños obesos: entendamos este grave problema

Un niño obeso tiene mayores posibilidades de ser un adolescente obeso y, consecuentemente un adulto obeso. ¿Qué haremos al respecto?

Marcela Borges

Enfermera, Maestra en Salud Pública.

3 Artículos


26 de junio de 2019

La obesidad infantil ha crecido en todo el mundo en los últimos años. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), el exceso de peso alcanza cerca de un tercio de los niños y adolescentes de entre 6 y 19 años en Estados Unidos.

Por otra parte, el exceso de peso siempre ha sido visto como un problema de apariencia personal, que interfiere en la autoestima y la aceptación del individuo en el grupo. Sabemos que niños llamados “inocentes” suelen ser a menudo muy crueles con sus compañeros.

Ellos hieren emocionalmente y lastiman a quienes están por encima de su peso, usando apodos peyorativos y practicando bullying. Sin embargo, además de esto, el exceso de peso tiene un agravante, puede llevar al niño a desarrollar varios problemas de salud.

Además, la infancia es un período crítico que puede contribuir para el desarrollo del exceso de peso. Un niño obeso tiene mayores posibilidades de ser un adolescente obeso y, consecuentemente un adulto obeso. ¡Y es ahí donde nos encontramos con un gran problema!

La obesidad aumenta de forma drástica los riesgos de enfermedades tan graves como la hipertensión arterial, la diabetes tipo 2, las enfermedades cardiovasculares, la depresión y la ansiedad.

Pero no nos engañemos: ¡la obesidad es una enfermedad y la prevención sigue siendo el mejor remedio! Los niños y adolescentes que están dentro del peso ideal no sólo tienen mejor calidad de vida, sino también menor posibilidad de desarrollar enfermedades ahora y cuando son adultos.

Pero ¿por qué nuestros niños están obesos?

Esto ocurre porque la dieta de los niños es rica en calorías vacías y con alto contenido de grasas. Las papas fritas, la comida de “paquete” (galletas y chips), bebidas azucaradas, carnes embutidas y muchos otros villanos de la salud que son presencia garantizada en la rutina de las niños y adolescentes.

Fuera de eso, los envases son coloridos, atractivos y con imágenes de dibujos animados. De hecho, un bombardeo y una inmensa influencia de la industria y los medios de comunicación.

Otro factor importante, es la falta de buenos ejemplos por parte de los padres. Los niños imitan los hábitos alimentarios de sus padres. Los hijos de padres obesos tienen dos veces más probabilidades de convertirse en obesos, por factores genéticos, pero también por heredar un estilo de vida inadecuado.

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Estilo de vida sedentario

El sedentarismo se apoderó de los niños y jóvenes. La vida urbana y la creciente violencia, no facilitan que los niños tengan actividades al aire libre como antes.

Además, la diversión electrónica reemplazó la actividad física, dejando a todos a merced del sobrepeso, ya que es una actividad que confiere poco gasto de energía y promueve el ocio.

El tiempo que los niños pasan frente a la pantalla, aumentó a tres horas o más al día y, casi siempre, está asociado al consumo de alimentos hipercalóricos y al bajo consumo de frutas y vegetales.

Por otro lado, el uso de electrónicos es también una oportunidad para la exposición a la publicidad de alimentos no saludables. Los estudios muestran una clara relación entre el tiempo excesivo frente a la pantalla y exceso de peso.

Para empeorar este escenario, muchas escuelas redujeron el tiempo destinado a la educación física, oportunidad que para algunos, tal vez es la única para ejercitarse.

La obesidad infantil está ligada a disturbios psicológicos

Los niños y adolescentes también sufren de ansiedad, provocada por el estrés del día a día. Las preocupaciones en semanas de prueba o los problemas en la convivencia familiar, generan ansiedad y despiertan grandes atracones de comida generalmente no saludable.

Es por eso que detrás de un obeso, puede haber algún problema psicológico. En general, la sociedad excluye a los “gorditos” de las juegos en grupo o del círculo de amistad.

Cuando esto sucede, las cosas sólo empeoran. El aislamiento y la alimentación se convierte en una fuga. Cuanto más rechazados, más ansiedad y más comida.

Por último, el exceso de peso también puede estar asociado a la depresión, los trastornos alimentarios, la imagen corporal distorsionada y la baja autoestima.

¿Cómo podemos evitar que nuestros niños se vuelven obesos?

Para lograr esto, debemos tomar algunas actitudes que pueden hacer la diferencia. Todo comienza en las primeras comidas del bebé fuera del útero de la madre. La lactancia reduce aproximadamente el 10% de las posibilidades de sobrepeso.

Sumados a ello, elaborar un menú semanal atractivo y sano, basado en el consumo de frutas, verduras, granos integrales, leguminosas, leche, castañas, aceites vegetales y jugos naturales.

Otra sugerencia es evitar alimentos ultraprocesados como: galletas industrializadas, condimentos “instantáneos”, refrescos, nuggets, salchichas, etc.

Último consejo …

Además, practicar actividad física, jugar al aire libre, andar en bicicleta o cualquier otra actividad que saque al niño del sedentarismo.

Otra sugerencia es reducir las horas de uso que los niños gastan con aparatos electrónicos también es una gran actitud! Y, por último, sea ejemplo. Eso ya será la mitad del camino recorrido para evitar la obesidad infantil.

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