Optimista, ¿se nace o se hace?

Ser optimistas o pesimistas es una actitud mental, tiene que ver con hábitos de pensamiento. ¿Cómo aprender a ser optimista?

Lorena Burgos Bishop

Licenciada en psicología

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17 de mayo de 2021

En una ocasión salíamos de casa con mi esposo rumbo a una reunión. El cielo estaba parcialmente nublado, con esas nubes esponjosas blancas que parecen de algodón sobre un cielo azul celeste brillante. El sol radiante se dejaba ver entre las nubes.

Subiendo al auto le comenté a mi esposo: Está nublado. El me respondió: esta soleado. Y así un poco en broma un poco en serio seguimos defendiendo cada uno nuestro punto de vista durante todo el camino hacia el lugar de encuentro. Lo cierto es que, como pasa muchas veces, ambos teníamos la razón, solo que cada uno estaba centrando su vista en un punto específico de la realidad.

Él con su lado sanguíneo optimista veía el sol más allá de las nubes. Yo con mi pesimismo melancólico (que yo defiendo como realismo) veía las nubes tapando el sol. Todo está allí: cielo azul a la vista, sol radiante a la vista, nubes esponjosas a la vista. Cada uno ve lo que quiere ver, o lo que está habituado a ver.

Hoy vamos a plantearnos algunas preguntas: ¿Qué es el optimismo? ¿Se nace optimista o se hace uno optimista? ¿De verdad se puede ser optimista? ¿Sirve de algo ser optimista? ¿Cómo adquirir esta cualidad o mejorarla?

¿Qué es el optimismo?

Según el diccionario de la Real Academia Española: Una persona “que propende a ver y juzgar las cosas en su aspecto más favorable”. https://dle.rae.es/optimista

Probablemente estemos de acuerdo en que, dadas las circunstancias que nos toca vivir mundialmente hablando, cada vez se hace más difícil lograr o mantener esta cualidad de ver el aspecto más favorable de las cosas. Incluso hay situaciones en que pareciera no haber lado bueno por más optimista que uno sea.

¿Se nace o se aprende a ser optimista?

Podemos decir que ambas cosas son posibles. El ser optimista por naturaleza tiene que ver con el temperamento, que es nuestra forma de ser heredada genéticamente.

Por eso es que hay niños que espontáneamente le ven el lado amable a todo y se recuperan fácilmente a los obstáculos y situaciones adversas; y otros que simplemente se desaniman con facilidad ante la menor dificultad y tienden a ver la cara oscura de la luna por decirlo de alguna manera.

A todo le encuentran un “pero”, todo les parece difícil o imposible, aunque tengan todo a pedir de boca.

Sin embargo, aún esas personas con tendencia natural a la negatividad pueden aprender a ser optimistas. Porque el ser optimistas o pesimistas es una actitud mental, tiene que ver con hábitos de pensamiento, y por lo tanto, con esfuerzo y dedicación y con la ayuda de Dios se puede mejorar la actitud o modificarla por completo.

¿De verdad se puede ser optimista en medio del caos?

El apóstol Pablo nos da una respuesta clara y certera en 2 Corintios 4: 7 al 9 donde dice:

“Pero tenemos este tesoro en vasos de barro, para que la excelencia del poder sea de Dios, y no de nosotros, que estamos atribulados en todo, mas no angustiados; en apuros, mas no desesperados; perseguidos, mas no desamparados; derribados, pero no destruidos”.

Claro que sí se puede ser optimista aun en las peores circunstancias, y de esto el apóstol tenía experiencia de sobra.

¿De qué sirve ser optimista?

¿No hago el papel de iluso/a tratando de ver el lado amable cuando todo es un caos en mi vida?

Muchas personas tildan de superficiales o ilusas a las personas que toman la vida con actitud positiva, optimismo. Las juzgan de poco serias o responsables.

Está demostrado que tomarte las cosas con tanto drama, acentuando factores negativos no ayuda a solucionar los problemas.

Sin embargo, tener una actitud positiva, optimista, mejora el estado de ánimo, aleja la depresión, nos hace más atractivos, es contagiosa, nos ayuda a lograr lo que nos proponemos y a solucionar más rápidamente los problemas, mejora el estado de salud en general, alivia el estrés, ayuda a dormir mejor, mejora la digestión.

Tantos beneficios hacen que de verdad valga la pena hacer un esfuerzo por mejorar nuestra actitud, ¿cierto? Ahí vamos.

¿Cómo aprender eso que no vino de fábrica?

Aquí van algunos tips para aprender a ser optimistas:

  1. Cuida tu alimento mental: Lo que lees, lo que escuchas, lo que ves es alimento a tu mente. Con frecuencia ese alimento no es de la mejor calidad. Incluso muchas veces sin darnos cuenta nos alimentamos con material tóxico y eso afecta nuestra actitud.
  2. Música: En vez de quejarte, o lamentarte, canta a viva voz.
  3. Tierra, sol y ejercicio: Si tu humor se altera con enojo o amargura, cultiva la tierra. Haz actividad física al aire libre. Observa la naturaleza.
  4. No busques culpables, busca soluciones. Siempre hay una.
  5. Quita el “no puedo” de tu mente. Ella es muy inocente y se cree todo lo que le dices. Puedes lograr lo que te propongas con la ayuda de Dios. No pongas obstáculo a sus promesas.
  6. Rodéate de gente positiva. Y aléjate de gente tóxica. Ambas son contagiosas, elige tú lo que quieres para tu vida.
  7. Fe: Cuando una situación escape a tu control, déjala en manos de Dios. Él siempre sabe qué hacer.

El apóstol Pablo dice en Romanos 8: 28 una verdad que viene bien recordar cada vez que estemos ante una situación que aparenta no tener solución:

“Y sabemos que a los que aman a Dios todas las cosas ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados”.

Puedo decir por experiencia que todo siempre tiene un lado amable. Por terrible que sea o parezca el panorama. Porque, aun si fuera una pesadilla siempre te queda una experiencia, un aprendizaje, una oportunidad de crecimiento y de aferrarte a la mano del Eterno.

Y además, esa situación tan desalentadora te prepara y capacita para comprender y ayudar a otros que pasan por circunstancias similares. Y en estos términos lo que estés pasando siempre será ganancia.

No sé qué circunstancia estés atravesando, pero estoy segura que con la ayuda de Dios, de su mano, todo será para bien.

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