Perdonar es un acto de fe y cura.

Perdonar alivia las cargas emocionales, promueve el bienestar físico, reduce el riesgo de enfermedades cardíacas, disminuye la presión arterial y fortalece el sistema inmunológico.

Lia Treves

Psicóloga, Educadora y Master Coach con Inteligencia Espiritual

8 Artículos


14 de mayo de 2024

¿Ya te pasó que sentiste como si una pesada mochila cayera de tus hombros luego de perdonar a alguien que te hirió, lastimó, falló o traicionó? Es que los efectos del perdón tienen una influencia poderosa en nuestra mente, al punto de producir cambios significativos no solo a nivel espiritual sino también a nivel físico, neuronal y psicológico.

Perdonar

El acto de perdonar tiene que ver con hacer uso de la voluntad y decidir dejar de lado el resentimiento, la indiferencia y la actitud de crítica y juicio para con aquel que nos hizo mal injustamente. Esto no significa que vamos a fingir que no pasó nada o que lo olvidaremos completamente.

El foco está en manifestar una actitud misericordiosa, bondadosa, empática y amorosa por aquel que se equivocó, más allá de que lo haya hecho sin querer o de manera intencional.

Esto no es algo que nos nazca de manera natural. Lo mas probable es que sintamos un gran impulso para vengarnos y hacer que la otra persona sienta lo que nos hizo sentir. ¿Pero que ganamos con esta actitud?

Efectos en el cerebro de la falta de perdón

Estudios neurocientíficos han demostrado que la incapacidad de perdonar puede provocar cambios en la estructura y función cerebral, contribuyendo a una variedad de problemas psicológicos y fisiológicos.

  • Respuesta de lucha o huida: Cuando una persona guarda resentimiento o rencor, el cerebro activa la respuesta de lucha o huida. Esta respuesta, gestionada por el sistema nervioso simpático, provoca la liberación de hormonas del estrés como el cortisol y la adrenalina. Estos químicos preparan al cuerpo para enfrentar una amenaza percibida, aumentando la frecuencia cardíaca, la presión arterial y los niveles de glucosa en sangre.
  • Memoria y estrés: El hipocampo, que desempeña un papel crucial en la formación de nuevas memorias y la regulación del estrés, puede verse afectado negativamente por niveles elevados de cortisol. La falta de perdón y el estrés crónico asociado pueden disminuir el volumen del hipocampo, afectando la memoria y la capacidad para manejar el estrés.
  • Toma de decisiones y regulación emocional: La corteza prefrontal es responsable de funciones ejecutivas como la toma de decisiones, la planificación y la regulación emocional. El estrés y las emociones negativas persistentes asociadas con la falta de perdón pueden reducir la conectividad y el funcionamiento de esta área, dificultando la capacidad de la persona para gestionar sus emociones de manera efectiva.
  • Rumiación: La falta de perdón a menudo conduce a la rumiación, un ciclo repetitivo de pensamientos negativos y resentimientos. Esta rumiación perpetua activa constantemente las mismas áreas cerebrales involucradas en el estrés y la emoción negativa, reforzando el patrón de activación del sistema de estrés y empeorando la salud mental.

Practicar el perdón, por lo tanto, no solo es esencial para la paz interior y las relaciones interpersonales, sino también para la salud integral del cerebro y el cuerpo.

Cómo obtener perdón

El perdón es considerado un don de Dios, una manifestación de su amor y misericordia hacia la humanidad. No solo representa una liberación del pecado, sino también una invitación a vivir una vida transformada.

La naturaleza del perdón tiene origen divino. Es la acción del Espíritu Santo actuando directamente en el corazón del individuo, llevándolo a una experimentar una verdadera transformación en la forma de pensar y sentir con respecto a quien lo ofendió.

El perdón de Dios es un acto de gracia inmerecida. Los seres humanos, debido a su naturaleza pecaminosa, no pueden ganar el perdón por sus propios méritos. Es un regalo que Dios otorga libremente a aquellos que se arrepienten y aceptan a Jesucristo como su Salvador (Efesios 2:8-9).

Es una expresión del amor incondicional de Dios. Juan 3:16 afirma que «Dios amó tanto al mundo que dio a su Hijo unigénito para que todo aquel que en él cree no se pierda, sino que tenga vida eterna». Este acto supremo de amor es la base del perdón divino.

A través del perdón, Dios no solo borra los pecados, sino que también ofrece redención y restauración. Los creyentes son reconciliados con Dios, restaurados a una relación correcta con Él y llamados a vivir una vida nueva y transformada (2 Corintios 5:17-19).

Efectos de perdonar en el organismo

Perdonar a quienes nos traicionaron es un desafío, pero es vital para liberarnos de sentimientos negativos que pueden generar amargura e impedir el progreso personal.

Es un acto de fe que inicia el proceso de sanidad emocional y tranquilidad, facilitando el abandono de resentimientos pasados. Algunos de sus efectos son:

  1. Mejora de la salud cardiovascular: El perdón se asocia con una presión arterial más baja y un ritmo cardíaco más saludable. La liberación del estrés y la reducción de la ira contribuyen a un corazón más sano.
  2. Fortalece del sistema inmunológico: El estrés crónico y las emociones negativas pueden debilitar el sistema inmunológico. Al perdonar, se reduce la tensión emocional, lo que puede fortalecer la respuesta inmune del cuerpo.
  3. Reduce el riesgo de enfermedades crónicas: La inflamación crónica, vinculada a emociones negativas sostenidas, está asociada con diversas enfermedades, incluyendo la diabetes y la artritis. El perdón, al promover una mejor gestión emocional, puede ayudar a disminuir la inflamación y, por ende, el riesgo de estas enfermedades.
  4. Reduce el estrés: Guardar rencor y resentimiento puede aumentar los niveles de estrés y ansiedad. El acto de perdonar libera al individuo de estas cargas emocionales, promoviendo una mayor tranquilidad mental.
  5. Mejora el bienestar emocional: El perdón permite a las personas soltar sentimientos negativos como la ira, el odio y la venganza, reemplazándolos con emociones positivas como la paz, la empatía y la compasión.
  6. Previene la depresión: Al liberar emociones negativas y fomentar una actitud positiva, el perdón puede reducir el riesgo de desarrollar depresión. Estudios han mostrado que aquellos que practican el perdón tienen menores niveles de síntomas depresivos.

Ciertamente, perdonar alivia las cargas emocionales, promueve la salud y el bienestar, fortalece la salud espiritual, profundiza la conexión con lo divino y enriquece el bienestar interior, siendo un acto de fe y sanidad.

Perdonar en la práctica

Perdonar es una una habilidad crucial para mantener la salud mental y las relaciones interpersonales. ¿Cómo podemos aplicarlo en la vida cotidiana? Aquí te dejamos algunos consejos:

  1. Reconoce tus Emociones: Es importante reconocer y aceptar tus emociones antes de poder perdonar. Esto incluye sentimientos de ira, tristeza, traición y cualquier otro que puedas experimentar. Escribir sobre tus sentimientos puede ayudarte a entender y procesar lo que estás sintiendo.
  2. Reflexiona sobre los beneficios del perdón: Recuerda que perdonar puede reducir el estrés, la ansiedad y mejorar tu salud cardiovascular. El perdón puede fortalecer y mejorar tus relaciones personales.
  3. Cambia tu perspectiva: Trata de ver la situación desde la perspectiva de la otra persona. Esto no significa justificar sus acciones, sino entender sus motivaciones y circunstancias. Recuerda que todos somos humanos y cometemos errores. Visualiza a la persona que te hirió como alguien que también tiene sus propias luchas y debilidades.
  4. Establece límites y expectativas: Establece límites claros para protegerte de futuras ofensas. Perdonar no significa permitir que alguien te dañe repetidamente. Acepta que el perdón no siempre resultará en una reconciliación completa o inmediata. Puede que necesites tiempo para sanar y reconstruir la confianza.
  5. Practica la comunicación abierta: Si es posible y seguro, habla con la persona que te ha ofendido sobre cómo te sientes. Usa declaraciones en primera persona («Yo siento…») para evitar acusaciones y fomentar una comunicación más abierta. Escucha la respuesta del otro sin interrumpir y trata de entender su perspectiva.
  6. Pide la dirección de Dios: Recuerda que el perdón no es natural en el ser humano. Pídele que transforme tus heridas en cicatrices y te permita ver a través de sus ojos de misericordia y amor.
  7. Busca apoyo: Considera buscar la ayuda de un consejero o terapeuta. Ellos pueden proporcionarte estrategias adicionales y apoyo emocional mientras trabajas en el perdón. Unirte a un grupo de apoyo puede darte un espacio seguro para compartir tus experiencias y aprender de otros que están pasando por situaciones similares.
  8. Cultiva la gratitud: Mantén un diario de gratitud para enfocarte en los aspectos positivos de tu vida. Esto puede ayudarte a mantener una perspectiva equilibrada y disminuir el impacto de la ofensa. Cada día, toma un momento para reflexionar sobre algo por lo que estás agradecido, incluso si es algo pequeño.
  9. Enfócate en el presente: Practica vivir en el presente y dejar atrás las heridas del pasado. Enfócate en lo que puedes controlar ahora y cómo puedes moverte hacia adelante de manera positiva.
  10. Comprométete con el proceso: Recuerda que el perdón es un proceso que puede llevar tiempo. Sé paciente contigo mismo y reconoce tus progresos, por pequeños que sean. Puede ser necesario repetir estos pasos varias veces antes de sentir que has perdonado completamente. Esto es normal y parte del proceso de sanidad.

Al conceder el perdón mejoramos nuestras relaciones interpersonales, cultivando la empatía y el entendimiento mutuo.

Superar el pasado y avanzar demuestra fortaleza y madurez, impulsando el desarrollo personal y fortaleciendo relaciones sanas y duraderas.

«De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas». (1 Corintios 5:17)

No continúes cargando con una mochila que no te pertenece. ¡Apodérate de los beneficios del perdón!

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