Vacunas, prevención y calidad de vida

Un elemento al que llamamos “antígeno”, capaz de despertar o permitir que nuestro cuerpo desarrolle defensas específicas frente a determinadas patologías.

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25 de julio de 2019

Así como somos diferentes a simple vista, hablando del aspecto físico, también lo somos en cuanto se refiere al sistema de defensa de nuestro organismo. Es decir, no tenemos la misma capacidad de defensa frente a agentes transmisores de enfermedades. 

El siglo pasado se destacó por los importantes avances que se realizaron en materia de prevención y tratamiento de algunas enfermedades. Puntualmente con el descubrimiento de los antibióticos y las vacunas. 

Estas vacunas fueron una herramienta más para enfrentar algunas enfermedades que hasta ese momento habían sido verdaderas epidemias. 

Una vacuna es una preparación destinada a generar inmunidad adquirida contra una enfermedad estimulando la producción de los llamados anticuerpos. Se utilizan con carácter profiláctico, es decir para prevenir o aminorar los efectos de una futura infección por algún patógeno. La efectividad de las vacunaciones ha sido ampliamente estudiada, como por ejemplo la vacuna conta la influenza o la vacuna contra la varicela. 

La inmunidad generalizada devido a la vacunación, es en gran parte responsable de la erradicación mundial de la viruela, la restricción de enfermedades como la poliomielitis, el sarampión, el tétanos en la mayor parte del mundo.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) informa que las vacunas autorizadas están disponible actualmente para prevenir o contribuir a la prevención y control de 25 tipos diferentes de infecciones. 

Por esto conversaremos con el Dr. Antonio Dávila, médico especialista en alergia e inmunología del Sanatorio Adventista Del Plata. 

¿A qué nos referimos específicamente cuando hablamos de vacunas?

DR. Dávila: Al usar la palabra vacuna, nos referimos a una intervención en la salud de las personas, en donde vamos a utilizar un elemento al que llamamos “antígeno”, que va a ser capaz de despertar o permitir que nuestro cuerpo desarrolle defensas específicas frente a determinadas patologías. Estas patologías son mayormente infectocontagiosas y existen de origen bacteriano o  de origen viral. 

Hemos escuchado de las grandes epidemias de viruela que existían en siglos pasados y de las de gripe. No hace mucho tiempo tuvimos una pandemia de gripe en nuestro país. Todas estas patologías podían ser contagiadas por algún tipo de microorganismo. El ser humano, por determinado desarrollo tecnológico, pudo encontrar cuales son los antígenos, o sea el pedacito de este microorganismo que puede generar en el cuerpo un sistema de defensas contra esta enfermedad.

Entonces cuando venía la viruela, por ejemplo,  todo el mundo se enfermaba y solo se salvaban los que tenían mejores defensas. Estudiando a los que se salvaban, se descubrió que en su suero tenían como unos pequeños globitos, que al analizarlos dio como resultado que eran proteínas especiales  a las que llamaron “corpúsculos protectores”. Finalmente estas proteínas terminaron siendo los que hoy denominamos como inmunoglobulinas. 

Esta inmunoglobulina, son proteínas que nuestro sistema inmunológico aprende a desarrollar cuando aprende a reconocer y responder a tiempo, frente a una infección o a un antígeno ya sea viral o bacteriano. 

Cuando hablamos de vacunas, podemos decir que hay tres tipos bien definidos de vacunas.

Las vacunas de calendario:

Desde muy temprana edad a través del calendario de vacunación, comenzamos a estimular al sistema inmunológico. La primer vacuna que colocamos según el calendario, es la BCG, porque la tuberculosis, hasta no hace mucho, era una enfermedad muy destructiva que infectaba a gran parte de la población y que el cuerpo demoraba bastante en desarrollar defensas.  Por eso ni bien nacen los bebés, se les aplica la vacuna BCG.

Luego se fueron desarrollando progresivamente otras vacunas contra la rubeola, el sarampión, el tétano, la poliomielitis que se han ido agregando al calendario de vacunación, enfermedades que eran muy agresivas y dejaban muchas secuelas. 

Así es como el ser humano desarrolló tecnológicamente estos antígenos inocuos, o sea que no generan la enfermedad, pero que sí  permiten que el cuerpo pueda desarrollar defensas capaces de frenar a tiempo las enfermedades que lo atacan y que si no tuvieran esta preparación previa, posiblemente le dejarían grandes secuelas. 

Vacuna cíclicas: 

Hay otro tipo de vacunas que no están dentro del calendario de vacunación y tiene un periodo de aplicación anual. Las llamamos de vacunas cíclicas, porque están hechas para microorganismos que van cambiando mucho con el paso del tiempo. Por ejemplo el virus de la gripe. Vamos a imaginarnos que en el 2018, este virus vino con un revestimiento de color rosado y mi cuerpo lo reconoció como el virus de la gripe, pero en el 2019 vino con un revestimiento azul, entonces mi cuerpo se desorientó porque estaba esperando el virus revestido con rosado. Es por eso que le tenemos que enseñar al cuerpo todos los años, a esperar una nueva versión del virus. 

Cada año, el organismo internacional de salud va investigando las transformaciones genéticas del virus, anticipándose a su presentación para poder reconocer en forma puntual el virus y generar los anticuerpos suficientes para la defensa. De esta manera actualizamos al sistema inmunológico anualmente para prevenir el contagio y la infección. 

Existen también otro tipo de vacunas, que son para situaciones especiales, como por ejemplo los ancianos o para las personas que trabajan con la salud. Ellos necesitan obligatoriamente tener un refuerzo en determinadas vacunas porque están trabajando con personas que tienen enfermedades infectocontagiosas, por lo tanto están mucho más expuestos que el resto de la población. 

Vacunas desensibilizantes:

Finalmente hay un tipo de vacunas que se llaman desensibilizantes que son las que van a trabajar permitiendo que el cuerpo pueda tolerar algunos antígenos normales, ya no patológicos, sino aquellos que están en el medio ambiente. Por ejemplo, hay personas que son sensibles a cierto tipo de polen que generan algunas plantas en ciertas épocas del año, para estos, existen vacunas que le permiten a la persona comenzar a tolerar estos elementos normales del ambiente.  

¿Cómo se realizan estos tratamientos específicos con vacunas?

DR. Dávila: El paciente llega con algunos síntomas como irritación, inflamación, picazón o ronchas en el caso cutáneo, frente a determinado elemento que, la mayoría de las veces no consigue identificar. 

Muchos solo pueden identificar la época del año en la que los síntomas empeoran, eso le da al especialista algunos indicios para poder identificar dentro de los elementos atmosféricos los que son aeroalergénicos.  

Aquí se destaca el trabajo del alergista, que es tratar de encontrar mediante algunos test de laboratorio, y otros test epicutáneos, qué antígeno o elemento del medio ambiente está generando una patología en el paciente. Este antígeno, dependiendo el órgano de choque, puede generar una rinitis, una conjuntivitis, un asma bronquial inhalatorio, una dermatitis o una colitis. 

Los antígenos pueden ir variando. En general hablamos de que hay antígenos de origen vegetal, otros que son de origen fúngigo y luego tenemos un grupo a los que denominamos  genéricamente ácaros. Estos últimos son parte de nuestro ecosistema ya que conviven con nosotros y forman parte del polvillo ambiental. Son también uno de los mayores causantes de patologías alergénicas respiratorias. 

Existen también algunos antígenos alimentarios que están contenidos en algunos alimentos que generan sensibilidad. Dentro de los más clásicos esta el maní y los camarones o langostinos de mar. 

Entonces, cuando el paciente llega al consultorio, primero evaluamos como está la persona en cuanto a su metabolismo, luego estudiamos la sensibilidad que tiene y en base a esto le ofrecemos un tratamiento que tiende a aliviar los síntomas, y bajar la hipersensibilidad a través de inmunoterapia, que son las vacunas para la alergia.  

¿Cómo se llega al diagnóstico del paciente al que se le prescribe un tratamiento con vacunas?

DR. Dávila: Bueno, el paciente llega al consultorio con síntomas continuos como que le falta el aire todos los días, no puede dormir, le cuesta caminar, no puede subir las escaleras, o esta estornudando las 24 hs del día y esto no le permite hablar ni mucho menos trabajar. A estos síntomas los denominamos “limitantes” porque no le permiten llevar una vida normal. 

Frente a esto, lo que uno busca en la primera consulta es identificar bien los síntomas y tratar de disminuirlos al máximo posible. En caso que lo justifique, se pide que el paciente realice los test específicos de alergia. 

Estos test son variados, hay algunos que son epicutáneos, que se realizan sobre la piel a la cual se le administra diferentes tipos de alergenos o antígenos sensibilizantes y se estudia cómo reacciona el cuerpo. Este es un test que prácticamente no tiene fallas porque está estandarizado y porque se realiza sobre la reactivadad de la propia persona. 

Hay también otro tipo de test que se denominan test de “parche”para detectar elementos sensibilizantes que provienen de elementos químicos laborales. Por ejemplo alguien que trabaja con elementos de goma, puede volverse sensible a los componentes de la goma, lo que puede generar una reacción alérgica en el paciente. 

Por otro lado tenemos que cuantificar también, desde la sangre, qué elementos biológicos tiene el paciente que justifique los test, no podemos exponer a alguien que no tiene sensibilidad a los test, y por otro lado están los estudios normales que todos los médicos pedimos para evaluar el grado de afección. Por ejemplo, por medio de una expirometría puedo medir cuánto aire tiene realmente la persona o cuánto le falta para que su cuerpo pueda funcionar adecuadamente. De esta manera puedo identificar si el paciente necesita una medicación de forma inmediata para estabilizar su organismo. También puedo pedir un electrocardiograma y verificar si existe una arritmia. Estos son estudios complementarios y dependen mucho de la patología que se esté manifestando. 

Con estos elementos en la mano el médico decide el tipo de medicación a administrar y la vacuna para bajar la sensibilidad al elemento que produce los síntomas. 

¿Estas vacunas desensibilizantes tienen un período específico para ser aplicadas o son de por vida ?

DR. Dávila: Las vacunas tienen ciclos y la duración del tratamiento estará asociado con la clínica del paciente y la respuesta del mismo. Es trabajo del médico realizar un seguimiento apropiado para determinar el grado de respuesta que tiene el paciente a la inmunoterapia y el grado de mejoría de los síntomas.  Sobre estos datos se decide mantener, cambiar o suspender una inmunoterapia. 

Como todo medicamento, las vacunas también tiene su población. Hay personas que las toleran tranquilamente, hay quienes no las toleran y hay quienes las tiene que utilizar por mucho tiempo, depende de la sensibilidad del paciente.  

La idea con el tratamiento es que el paciente pueda recuperar su vida normal y mejorar su calidad de vida. Poder comer, dormir, jugar, trabajar sin el limitante de la sensibilidad. 

Entrevista realizada por el departamento de comunicación del Sanatorio Adventista Del Plata

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