¿Cómo dejar de fumar?

Hábito que incorporamos a nuestro quehacer cotidiano y que a algunos, en sus comienzos, nos parece casi inofensivo, sin embargo hasta puede llegar a ser letal.

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28 de mayo de 2020

Hay problemas de salud que están estrechamente relacionados al estilo de vida que llevamos; con aquellos hábitos que incorporamos a nuestro quehacer cotidiano y que algunos, en sus comienzos, nos parecen casi inocuos, sin embargo hasta pueden llegar a ser letales.

Uno de esos hábitos tan perjudicial es el tabaquismo, tratándose de una verdadera adicción, pero como está socialmente aceptada no resulta tan inquietante su presencia en la vida de las familias. Pero lo cierto es que se cobra muchas vidas cada año.

Debe ser tratada como una adicción, con todo lo que ello implica, ya que el hábito de fumar es una fuerte dependencia a varias sustancias contenidas en el cigarrillo, y a la persona no le resulta sencillo dejar de consumirlo.

Los estudios científicos realizados en relación al cigarrillo mencionan que hay centenares de sustancia tóxicas y, particularmente, cancerígenas, a las cuales están expuestos los fumadores, y por cercanía y convivencia, también está expuesto su grupo familiar (fumadores pasivos).

En la actualidad, casi no hay diferencia entre la cantidad de fumadores hombres y mujeres; diferencia que años atrás era marcada, y además ya se trata de una enfermedad que está contemplada dentro de las epidemias mundiales, con un promedio de 5 millones de muertes anuales en el mundo.

¿Cómo afecta al organismo?

Cuando hablamos de tabaquismo solemos asociarlo con el cáncer de pulmón pero en realidad está estrechamente vinculado a cáncer en otras partes del cuerpo también, y en general a otras patologías.

Porque al contener un montón de sustancias tóxicas, el tabaco en sí mismo es enfermante y esto tiene consecuencias muy negativas en la respuesta que el organismo pueda dar a diferentes enfermedades, en la lucha que naturalmente el Sistema Inmunológico podría dar, pero que en la persona fumadora se ve disminuido en sus posibilidades.  

Además debemos tener en cuenta que el tabaquismo desoxigena y esto es muy grave. El monóxido de carbono, uno de los gases emitidos al fumar, tiene 200 veces más afinidad por el glóbulo rojo que el oxígeno. Por ello resulta que la sangre de la persona fumadora está desoxigenada, además de todos los tóxicos añadidos.

Esto hace que a nivel sistémico haya muchos efectos por el hábito de fumar, además del cáncer que es la enfermedad que tanto temor nos causa.  La EPOC (Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica) es también una enfermedad invalidante, que puede causar que el paciente dependa de oxigenación mecánica para poder seguir viviendo, y en todos los casos la expectativa de vida de la persona fumadora es mucho menor.

¿Qué sustancias se encuentran dentro del cigarrillo?

Solemos hablar de la nicotina y el alquitrán como los principales venenos vinculados al hábito de fumar, pero en verdad son casi 4 mil las sustancias tóxicas que se encuentran en un cigarrillo, y de esas, 50 directamente son cancerígenos.

De esos cancerígenos, sí, el más conocido es el alquitrán.  Pero también encontramos acetona, cadmio, DDT (que se usa en los insecticidas), arsénico, amoníaco, plomo, estireno, mercurio, pireno, metanol, benzopireno… y así podríamos seguir mencionando todas sustancias que están contenidas en pequeñas dosis dentro de un cigarrillo, pero que inevitablemente incorporamos a nuestro organismo con el hábito de fumar. 

Si lo razonamos, la mezcla de todas estas sustancias ¡generaría un sabor horrible!, por eso las empresas tabacaleras trabajan en lograr cada vez mejores “mezclas” de aditivos y saborizantes como chocolate o menta, además de lograr una menor concentración de humo e incluso menor aroma en el cigarrillo. 

Pero todo esto no logra mitigar los efectos de la toxicidad en el organismo. Inclusive el mismo proceso de quemar ese cigarrillo y su contenido, a medida que se lo fuma, conlleva una combustión que resulta totalmente anormal y tóxica para el sistema respiratorio humano.

Beneficios al dejar de fumar

En la persona que deja de fumar, casi de inmediato se notan las mejoras en su Sistema Respiratorio

Al oxigenar mejor, todos los órganos que requieren de esa molécula de oxígeno que transportan los glóbulos rojos, comienzan a trabajar de manera más aliviada.  Pero también son notorios en el muy corto tiempo los resultados positivos en el Sistema Cardiovascular, con una disminución en la posibilidad de riesgo de infarto, que en los fumadores es muy alta.

Al año sin fumar ya se disminuye en un 50% esa posibilidad.  En cuanto a la Enfermedad Vascular Periférica, que son obstrucciones a nivel de las arterias y se da mayormente en las piernas, también ya al año se nota una mejoría incluso en pacientes que se encuentran en estadios graves de esa enfermedad.

Y obviamente que un párrafo aparte le dedicaremos al riesgo de cáncer, tanto del aparato respiratorio como de cánceres asociados al sistema digestivo: boca, lengua, laringe, esófago y estómago; y en general al resto de los cánceres porque los tóxicos del tabaco viajan por el organismo a través de la sangre. 

Al dejar de fumar, estudios recientes muestran que entre los 3 y 5 años de haber dejado totalmente el consumo de tabaco, el riesgo de padecer estos tipos de cáncer se equiparan con el de una persona que nunca ha fumado (limitándose básicamente a la predisposición genética y ambiental y/o a otros hábitos de vida)


Humo de segunda mano

Ese nombre le damos al humo que cualquier persona se ve obligada a aspirar porque tiene cerca a alguien que fuma.

Lo lamentable de esto es que tiene una alta incidencia en la morbimortalidad sin que sea una cuestión elegida, sino que está aspirando un humo que es emitido por otro.

El “tabaco ajeno” produce una alta tasa de enfermedades: un 46,8% tanto en el ambiente doméstico como en el laboral, y pese a que en los últimos años se ha reglamentado mucho la cuestión de no poder fumar en lugares públicos cerrados. 

Justamente esta legislación surgió a partir de los estudios que demostraron cómo aumentaba la incidencia de enfermedades en personas que compartían espacios laborales o sociales con fumadores, y esto determinó un cambio en materia de legislación de la Salud Pública.

El tabaco en los más jóvenes

Lamentablemente es común ver en la calle a jovencitos, algunos transitando normalmente y otros “a escondidas”, que desde muy corta edad están fumando. 

Tal vez no lo hacen con habitualidad, pero lo cierto es que ya están siendo afectados por los tóxicos, porque como ya mencionamos, los tóxicos viajan por el torrente sanguíneo.

En los adolescentes que consumen tabaco puede notarse una desoxigenación general y las repercusiones de esto pueden ser varias: que la masa muscular no se desarrolle de la manera que debería, que se produzcan alteraciones a nivel metabólico favoreciendo la aparición temprana de osteoporosis, suelen presentarse muchos más casos de asma y otros problemas respiratorios y alérgicos. 

Todo eso porque son organismos más sensibles, que se encuentran más vulnerables por causa de los efectos tóxicos del tabaco.

Si bien la legislación es muy específica y no puede venderse tabaco a menores de 18 años, lo cierto es que encontramos niños de 11 y 12 años que ya comienzan a fumar casi como una picardía, como un juego.

Pero el consumo de los tóxicos y las sustancias adictivas no son un juego, y los mayores deberíamos velar mucho más por este aspecto en particular.

Una suma que no se detiene fácilmente

Como el tabaquismo es una adicción, funciona exactamente como cualquiera de ellas:  comienza con uno o solo un par de cigarrillos, y la necesidad de consumir esas sustancias adictivas va aumentando sin pausa.

Es un proceso que se define dentro del cerebro humano:  el cerebro es quien percibe que necesita más de determinada sustancia y entonces el fumador incrementa la cantidad de consumo.

Realmente el cerebro emite la orden como una necesidad imperiosa de buscar esa sustancia, a tal punto que la persona llega a no poder elegir no fumar; se encuentra con que si no fuma realmente no puede seguir con su día y actividades normalmente. Es una adicción que llega a manejar completamente al sistema nervioso y sus funciones.

Tiene la característica de ser una dependencia con determinada tolerancia que tiene que ver con esto: ¿cuántos cigarrillos comenzó a fumar y cuántos está fumando actualmente? El cerebro va generando más receptores para nicotina, por lo que la persona se hace más tolerante a esa droga y por lo tanto, con el correr del tiempo, va a necesitar más cantidad de la droga (o sustancia adictiva) para que se produzca el mismo efecto.

Otra de las características de la adicción al tabaco es que si se la quita “de golpe” va a generar síntomas negativos porque surgirá lo que se conoce como Síndrome de Abstinencia.

Comenzar a dejarlo

Primero requiere de un proceso de aceptación, de que la persona se dé cuenta de cuánto daño se está haciendo así mismo y a quienes lo rodean. 

Y no solamente el aceptar que necesita dejarlo, sino el aceptar también ayuda para eso, porque al tratarse de una adicción con todo lo que eso implica, decir “yo puedo dejarlo cuando quiera” es solamente una frase y la realidad nos muestra que las recaídas son peores porque a todo el mal que ya detallamos, ahora se le agrega la frustración de no haber podido lograr la meta de dejar el cigarrillo. 


Es muy importante que la persona acepte que no es ni será un proceso sencillo y que requerirá de mucho esfuerzo de su parte.

El tratamiento médico de cesación tabáquica apuntará directamente, en primera instancia, a romper todas las rutinas que se hayan generado en torno al cigarrillo: horarios específicos en los que suele fumar, después de las comidas, antes de dormir, al sentarse en la plaza, al salir con amigos, etc. 

Si la persona además consume alcohol, habrá que realizar un seguimiento sobre ese asunto también ya que, si bien no están necesariamente vinculados, el consumo de alcohol baja la posibilidad de ejercer la fuerza de voluntad, elemento indispensable para sostener la disciplina de decirle NO al consumo de tabaco.

A esto hay que agregarle componentes que agilicen el metabolismo y ayuden en el cambio de hábitos:  comer saludablemente, evitar las bebidas estimulantes, realizar más ejercicio físico.

Todo se transforma en una terapia apuntada a bajar la ansiedad. Y por supuesto que también la terapia se completa con algunos fármacos que pueden ser usados fundamentalmente para disminuir el síndrome de abstinencia y poder llevar la terapia de forma más aliviada.

Prevención; el gran secreto

Hasta hace algunos años, el fumar se mostraba como algo muy estético y elegante.  Inicialmente el consumo de tabaco estaba circunscripto al uso masculino, luego la liberación femenina vino acompañada del comenzar a fumar ¡como si fuera un logro! 

En la actualidad, y tras décadas de estudios, se ha logrado demostrar que es altamente perjudicial tanto para el individuo como para la sociedad, porque los costos en salud comunitaria son enormes.  También ha dejado de ser estético.  Ahora la sociedad en general ve con mejores ojos a quienes no llevan consigo este mal hábito, incluso hay empresas que lo exigen como condición para acceder a un trabajo.

Y siempre nos preguntamos si se puede evitar.  Y si se puede, cuándo hay que comenzar a hacerlo.

Pensemos que los que caen en las “garras” de una adicción son los más vulnerables. A veces la vulnerabilidad está dada por la edad:  la adolescencia, con su enorme necesidad de pertenecer a un grupo o de sobresalir por sobre sus pares.

En este grupo etáreo, los adultos tenemos la enorme responsabilidad de intervenir, de generar conciencia.  Es muy probable que el adolescente que elige fumar no haya tenido un saludable ejemplo en su hogar a una edad más temprana, y que tampoco tenga ahora el oportuno consejo. 

Pero si formamos parte de su entorno de alguna manera (profesores, padres de sus amigos, vecinos del barrio) es nuestra responsabilidad apartar un momento para intentar encausarlo en algo que puede determinar su salud para siempre.

Los establecimientos escolares debieran incluir programas preventivos, porque los hábitos, buenos y malos, se cultivan desde temprana edad.

Dra. Mariana Alfaro, Consultorio de Cesación Tabáquica, Maestría en Tabaquismo, Sanatorio Adventista del Plata


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