Cuando perder es bueno

“Perder nunca es bueno”. Por pensamientos como este nuestro cerebro muchas veces, sabotea la decisión de adelgazar. ¡Vamos a entender cómo funciona esto!

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5 de julio de 2021

¿En qué piensas cuando escuchas la palabra perder? ¿Cuál es la sensación que tienes cuando pierdes algo? De hecho, inconscientemente, asociamos “perder” como algo negativo.

Después de todo, ¿a quien le gusta perder las llaves, un compromiso o hasta alguien que ama? La sensación de angustia, sufrimiento y desesperación nos inunda fácilmente cuando perdemos algo.

De la misma forma sucede con cualquier “pérdida” en la vida. Y muchos desarrollan traumas o intentan evitar a cualquier costo todo tipo de pérdida.

Ahora, ¿Será que perder también es bueno?

Analízalo de esta forma: cuando estamos delante de una decisión, tenemos como mínimo dos opciones. Por ejemplo, hoy escogiste vestir un pantalón en lugar de otro.

Osea, elegir, de forma simple, significa renunciar a algo. Ganar de un lado, pero perder del otro.

Parece que no, pero la decisión muchas veces es un reflejo del deseo que tenemos de no perder nunca.

Inconscientemente nuestra mente sabotea procesos de pérdida.

Perder es bueno y hace bien

¿y cuando el tema es perder peso? La mayoría de los obesos afirman el deseo de adelgazar. Pero ¿cómo puede ser esto posible si inconscientemente existe el pensamiento de que perder es malo?

La prueba de esto, son aquellos que se auto-sabotean luego de descubrir que están logrando perder peso.

Este comportamiento ocurre por varios motivos, pero uno de los más conocidos es el duelo entre el deseo de continuar un estilo de vida lleno de malos hábitos y el deseo de asumir un estilo de vida equilibrado y saludable.

Si, eliminar peso significa renunciar a los excesos y dejar ir los kilos de más. Y algunas veces, el “dejar ir” puede ser difícil.

Para corregir esto, existe un ejercicio: identificar las ventajas y desventajas del cambio.

Entonces, crea dos listas: una con todo lo que ganarás si cambias tu estilo de vida y la otra, con todo lo que perderás con esos cambios.

Por ejemplo, cambiando tus hábitos, perderás el placer de comer lo que quieras en una fiesta. Perderás la oportunidad de comer comidas deliciosas… pero, por otro lado, ganarás más disposición, más salud y bienestar.

Luego de realizar estas anotaciones, coloca esa lista de pros y contras en un lugar visible. Y cada vez que pienses en desistir, contempla lo que te motivó a tomar la decisión de comenzar.

Observar cuánto valió la pena eliminar ese peso, te dará fuerzas para continuar. Recuerda que, en este caso, ¡El que pierde, gana!

Además, al perder de esta manera, el cerebro abre espacio para nuevos hábitos y esto es fundamental para adelgazar.

Lo que se come queda en segundo plano cuando el foco es la pérdida de peso duradera, porque lo principal es la renovación de la mente hacia un nuevo tú. 

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