La importancia de la fe en el proceso de cura

Está comprobado que la fe es un punto importante en el proceso de cura de las enfermedades. Sus efectos van más allá del desarrollo del optimismo y la esperanza frente al desafío. La fe puede influir hasta en la cantidad de medicamentos utilizados en un tratamiento.

Erasmo Filho

Pastor y capellán del Hospital Adventista de Pênfigo

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22 de agosto de 2018

La Organización Mundial de la Salud (OMS) definió “salud”, como un estado de completo bienestar físico, mental y social. Es decir, la definición va mucho más allá de la ausencia de enfermedades. En esta afirmación de la Organización, el aspecto de la fe no fue incluido. Por más que sea desvalorizada en el medio académico o médico, investigaciones científicas han confirmado la importancia de la fe en el proceso de la curación. Cuando se tiene fe, hay esperanza en el tratamiento, en la cirugía y en todo lo que implica el restablecimiento de la salud, pero, por encima de todo, hay confianza en el poder de Dios en dar la cura cuando todo parece sin salida.

Una de las investigaciones que relacionan la fe y la cura es la del médico Randolph Byrd, un renombrado cardiólogo de Estados Unidos que estudió atentamente sobre la oración y la curación. El investigador tomó el caso de 400 pacientes que habían sido sometidos recientemente a una cirugía cardíaca de puente de safena. Él los dividió en dos grupos: el de lo que recibirían oración durante la recuperación y el de aquellos que no recibirían oración. Ninguno de los dos grupos sabía si había o no alguien orando por ellos.

El Dr. Byrd entregó a un grupo de dedicados cristianos los nombres de los pacientes que debían recibir oraciones. ¡Y los resultados fueron notables! El grupo que constantemente recibía oraciones se restableció más rápidamente, necesitó menos medicamentos y tuvo menos complicaciones en el proceso de curación. El otro grupo que no tuvo una intersección espiritual sistemática, tuvo un resultado muy diferente. Necesitó más consultas, retorno a los médicos, desarrollaron más infecciones y, en consecuencia, usaron más medicamentos. Fue posible concluir que la oración para los enfermos promovió un tremendo resultado. Orar y tener fe, forma parte del proceso de curación de personas enfermas. Tanto orar por quien está enfermo, como también que el propio enfermo ore por su recuperación.

Y en el sentido de orar por su propia recuperación, un caso emblemático es el del rey Ezequías de Judá. El rey enfermó, y le fue dicho a través del profeta Isaías que morir como consecuencia de su enfermedad. Al recibir el mensaje divino, el rey de Judá lloró, oró y clamó a Dios por su curación.

El mismo profeta que había llevado la sentencia de muerte al rey, volvió y transmitió respuesta del Señor Dios al rey: “Oí tu oración y vi tus lágrimas, y añadiré a tus días quince años”. (Isaías 38: 5)

Trabajando en la capellanía del Hospital Adventista do Pênfigo, percibo diariamente los beneficios de la fe en el proceso de curación. Entre muchos casos donde la fe y la oración hicieron la diferencia en el restablecimiento de un paciente, recientemente, un caso de éxito se hizo público en la ciudad.

El hospital recibió a un paciente que, a los ojos humanos, era un caso sin solución. Pero el grupo de colaboradores del hospital y muchas otras personas de la ciudad decidieron orar e interceder por él, con fe en su restablecimiento. Después de 30 días en la Unidad de Terapia Intensiva (UTI) y dos días más en la habitación, su caso fue considerado un milagro. En poco tiempo, aquel que estaba desahuciado, salió caminando de regreso a casa. Hoy goza de buena salud y sigue con su vida y proyectos.

El salmista David, hablando de aquel que tiene fe en Dios, afirma: “Jehová lo guardará, y le dará vida; Será bienaventurado en la tierra, Y no lo entregarás a la voluntad de sus enemigos. Jehová lo sustentará sobre el lecho del dolor; Mullirás toda su cama en su enfermedad”. (Salmos 41: 2, 3)

 

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